miércoles, 15 de noviembre de 2017

De la amistad en la presentación de un libro, por María Insúa

Ilustración: foto de un dibujo de Jovana de Ovaldía
El sello Paisanita Editora presentó la novela Una película vuelve a casa, de Hernán Lucas. Una desmesura. Publicar libros puede ser una de las acciones más antieconómicas que se vean en 2017. La obstinación de llenar los espacios de libros en una época en que se los vacía de a montones en bolsas reutilizables para compras en el chino, no es confiable. En tal candidez, sin embargo, hubo una prudencia, se eligió un bar con paredes móviles. A medida que entraban los amigos, las paredes cedían y así al lugar lo sostuvo la gente. Otro acierto, que salió de casualidad, fue que nadie llevara armas de fuego con la intención de batirse a duelo ante una discusión literaria o, peor todavía, por un premio que dejó un rencor. Cuando los amigos se entretenían a puras palabras, el Tigre Oyola agradeció la presencia y pidió un aplauso para Hernán. Ahí apareció la conmoción, porque el Tigre desató un discurso amoroso. Entrevió en la novela una crónica y la puso a conversar con otras. Si hasta tuvo la nobleza de darle lugar al maestro Lai. Como el Tigre nunca miente y lo justo es justo dejó el crédito de su lectura en la ocurrencia de Hernán, es el personaje de la novela quien hace un acto amoroso. La amistad entre los escritores no conoce límites por eso ahí nomás el Tigre le botoneó, “Hernán sos un dulce de leche”. Se montó un escenario que incluía micrófono y una perrita de peluche, sacaron las ventanas y los gurises entraron a zancadas. A estas alturas cabe la impresión que tuvo Herzog mientras caminaba sobre el hielo para salvar a una amiga de la muerte: “No hay armonía en el universo, tenemos que acostumbrarnos a esa idea”. La noche tentaba a la confesión y Hernán Lucas sucumbió. Contó sobre un proyecto que idearon con su amigo Marcos Martinez a la edad de diez años. Consistía en tender un hilo-tanza, a cuyos extremos ataron unas latas, entre sus departamentos en las torres Catalinas Sur, para hablar por ese medio. No pudieron. La evidencia muestra que nadie los advirtió, para esa empresa se usa hilo sisal. Si bien Herzog no ve armonía en el universo, es cierto que sí la hay en los fracasos. Del intento fallido de comunicarse entre las torres, esos niños, descubrieron que con cámaras, pantallas y escritura mejoraban sus proyectos. Así lograron con felicidad los documentales Edificios, Cámara fría, la escritura y las fotos de Una película vuelve a casa. Esa novela con que Hernán entró, un día de lluvia, al lugar donde trabaja Gabi Luzzi (las probabilidades dicen que alguno de los dos patinó en el piso de mármol); estiraron las manos y quedaron agarrados a la carpeta, luego, alguno la soltó. Escucharon voces que estallaban en la calle. Era el NiUnaMenos de octubre de 2016. Tomaron prestados unos paraguas abiertos que se secaban al lado de la puerta y se fueron a la marcha.

Maria Insua, cronista invitada por Paisanita Editora

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