miércoles, 26 de octubre de 2016

2do. Campamento, Poesía, Konex

Este domingo llega 2do. Campamento, Poesía, Konex.

El line up de lujo con todos los horarios (reales):



Estaremos con nuestros libros y plaquetas en la feria de editoriales, en el stand de La Coop.


Pueden conseguir su anticipada en Ticketek o en boletaría del Konex.


martes, 6 de septiembre de 2016

Página 12

La bella nota de Daniel Gigena, periodista y escritor que admiramos y que nos hace tan felices leer en sus post, poemas, libros, artículos, reseñas y ahora, sobre "Hay gente que no sabe lo que hace" de Alejandra Zina.
Gracias Daniel, y a Flor Monfort por la edición.
Pueden ver la nota completa, también, en el siguiente link: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-10831-2016-08-26.html

las12
VIERNES, 26 DE AGOSTO DE 2016
VISTO Y LEIDO

CAMINO DE TRANSFORMACIÓN

El tercer libro de Alejandra Zina retrata personajes femeninos con un aura de vacilación, humorismo y dosis tolerables de drama.






 Por Daniel Gigena
En los nuevos cuentos de Alejandra Zina (Buenos Aires, 1973) ocurre algo similar a lo que pasaba con Barajas, novela de chick lit que escribió por encargo para un sello confiado en el crecimiento de un género pasajero. Los personajes y narradores de los siete relatos de Hay gente que no sabe lo que hace entrenan a los lectores en un ejercicio de humorismo y decepción. El humor, como se sabe, suaviza la decepción: con sátiras e ironías el drama ya no parece tan grave. Una situación compensa a la otra, una pérdida se atenúa con descubrimientos trascendentes o triviales, un recuerdo penoso se salva con la gracia del estilo. En “Falsa promesa”, el magnífico primer cuento, la vejez quisquillosa de una madre se suaviza con un cambio de peinado: “Te conviene este castaño, dijo, pero mamá acariciaba el mechón rubio. Rosa insistió, un tono oscuro tapa mejor. Mamá contestó con un bueno casi inaudible, así es ella: o se amotina o se entrega sumisa”.
“La primera selección de cuentos la hice yo -cuenta Zina-. Escribía, corregía y cuando llegaba a versiones que me gustaban los incluía en la colección. Armaba índices posibles, tachaba, dejaba afuera cuentos que me parecían que se alejaban de la atmósfera que se estaba imponiendo.” Esa atmósfera que los cuentos comparten posee siempre una intimidad envolvente, con pocos personajes captados en una situación cotidiana en la que se entreabren posibilidades, riesgos y bucles narrativos, como en “Negros famosos”, donde un grupo de amigas elabora a su modo la internación de una de ellas en una clínica psiquiátrica. “Bueno, todo no se puede, querida. O ganás. O tomás”, reflexiona Nancy durante la noche en la que juntas juegan a nombrar a negros famosos (sin mencionar casi a la amiga internada). A veces, como en “La princesa enamorada”, la fisura por la que se cuela el drama ha quedado atrás en el tiempo: “El cómo y el porqué eran un misterio tan callado que quizá todos se fueron olvidando”.
El efecto de proximidad que los cuentos provocan es uno de los logros de la escritura de Zina. “Ese narrador en tercera que parece la voz del protagonista o la voz de alguien muy cercano al mundo que narra me gusta mucho –dice la autora–, me permite contar muchas cosas, mirar con detalle, y a partir de esos detalles construir un fuera de campo. Todo eso que no vemos o no oímos pero imaginamos.” Las voces narrativas pueden provenir o estar cerca de hijas ya adultas o de parejas de un hombre con hijas, de madres de familia aparentemente satisfechas de las vidas que construyeron o de mujeres solitarias con libertades bien cuidadas. En un movimiento doble de introspección y distancia, la tensión entre lo que se narra y lo que permanece implícito motoriza las tramas, descoloca y parece acercar a los personajes a un abismo que ignoran. “Algunos cuentos del libro tuvieron ese camino de transformación. De la primera persona a la tercera. Y el resultado me pareció más potente. La voz en primera funcionó mejor en los cuentos donde había un trabajo más fuerte con mis recuerdos”, comenta Zina.
Después de Barajas, novela protagonizada por la tripulante de una aerolínea, la autora continuó escribiendo sobre mujeres. “La novela tiene un tono muy distinto de los cuentos, pero fue el impulso para querer seguir –dice Zina–. Por esa época empecé a escribir algunos textos más autobiográficos donde aparecían tías, abuelas, madre, amigas de mis padres, amigas de la infancia, hermanas, yo misma (crecí en una familia con muy pocos varones). Encontré un universo que subestimaba, o al que le tenía prejuicio y del que ignoraba bastante. Un universo que me pareció riquísimo, misterioso, casi inagotable.” ,
Alejandra Zina
Hay gente que no sabe lo que hace
Paisanita Editora

lunes, 29 de agosto de 2016

Escape a Plutón

Escape a Plutón es un club de libros que todos los meses realiza una selección de lo más salvaje de la literatura mundial y la envía a la casa de sus socios.


Dirigida a un público adulto y con curaduría de Martín Jali, la Colección Literatura salvaje de Escape a Plutón recomienda desde títulos de autores nóveles hasta joyas descatalogadas o grandes obras de escritores de culto. Cuentos, novelas, diarios de viaje, crónicas, cómics, literatura erótica y libros de ensayo. La colección está marcada por el eclecticismo, la contemporaneidad de los textos y su valor literario.

Este mes (septiembre de 2016) ofrece:

Precoz, de Ariana Hardwicz + Hay gente que no sabe lo que hace, de Alejandra Zina

Más info haciendo click acá.

Muchas gracias querido Martín Jali por elegir uno de nuestros títulos.


Para asociarse: http://www.escapeapluton.com.ar/search/label/Asociate



jueves, 28 de julio de 2016

La Primera Piedra

Compartimos la hermosa reseña del libro "Bengalas" de Enrique decarli, que escribió nuestro querido amigo Gustavo Yuste para la revista digital La Primera Piedra.
En su versión digital la encuentran en el siguiente link: http://www.laprimerapiedra.com.ar/2016/04/bengalas-de-enrique-decarli-para-leer-con-ojos-de-despojado/


RESEÑAS CAPRICHOSAS – “BENGALAS” DE ENRIQUE DECARLI: PARA LEER CON OJOS DE DESPOJADO

Escrito por Gustavo Yuste 14 abril, 2016
Porque la literatura es otra forma de entender la realidad, en La Primera Piedra inauguramos este ciclo de reseñas sobre libros nacionales producidos por editoriales independientes. En el primer número, te acercamos Bengalas, de Enrique Decarli, publicado por Paisanita Editora en 2014. Este volumen de relatos breves condensa la fantasía y la realidad puestas al servicio de lo mismo: la transformación. Conocé como desde las personas hasta  los objetos, pasando por los sentimientos, todo se altera con el paso del tiempo según el escritor argentino Enrique Decarli. (Foto de portada: Renso Gomez)

Sobre el autor

Enrique Decarli nació en Buenos Aires, en 1973. Es abogado y músico. Desde 2008 dicta talleres de lectura y narrativa. Algunos de sus relatos fueron publicados en diferentes revistas. Publicó tres libros de relatos: Desde la habitación del sur (Quito, Libresa, 2009); Big Bang (Buenos Aires, Textos Instrusos, 2013) y Jauría (Eloisa Cartonera, 2014).

Para leer con ojos de despojado

Si se puede decir que hay un tema central en Bengalas, ese sería la transformación. En los distintos cuentos breves que se van sucediendo en el libro, los personajes van mutando hacia distintas formas y sensaciones. Con un estilo directo y sencillo, Decarli intenta introducir al lector sin rodeos en el centro de esas transformaciones a veces cotidianas, a veces lúdicas.
En ese sentido, no es casualidad que además de ser músico y escritor, el autor de Bengalas también ejerza la profesión de la abogacía. El idioma directo y conciso que caracteriza al lenguaje jurídico se entromete varias veces dentro de los cuentos para permitir a Decarli sumergirse de lleno en cada relato.
Esas mismas historias pueden variar desde el terreno de lo fantástico hasta un realismo puro, pero todas unidas bajo el hilo invisible de la transformación. Personas que se convierten en objetos, objetos que se vuelven animados como sujetos, relaciones que van deteriorándose, amistades que cambian hasta ser irreconocibles, hombres que se encogen hasta mezclarse en el aire, son algunas de las imágenes que Decarli le ofrece al lector.
La particularidad de cada relato va a permitirle al autor jugar y nutrirse con distintos registros y con la utilización de la primera, segunda o tercera persona a la hora de narrar. La brevedad de los cuentos reunidos en Bengalas facilitan el efecto sorpresa que viene envasado en cada historia fantástica, o la identificación con los sentimientos que en los relatos más realistas se despliegan con gran habilidad.
Así entonces, Enrique Decarli logra en Bengalas desconcertar dentro de un lenguaje conocido y familiar para cualquier lector. Un lector que puede agarrar el libro y leerlo en cualquier momento y circunstancia. Eso sí – y tal como sugieren en el primer relato “Los despojados”- siempre con ojos de despojado para dejarse introducir en la fantasía de lo real o lo real de la fantasía.

miércoles, 27 de julio de 2016

Presentación de Flipper

por, Macarena Moraña


Foto: Daniel Peluffo
  Nunca entendí esas máquinas, ni el juego ni la gracia ni el objetivo. Tampoco sé por qué Enrique decidió titular así su novela. Pero esto es solo el principio de mi larga lista, pues en tantos años de vida, ya he sumado incomprensiones de diversas formas y tamaños. Un buen ejemplo tiene que ver con mi papá a quien dejé de ver a mis diecinueve años. Desde entonces observo con fascinación los vínculos entre padre e hijo, en los bares, en los colectivos, en la gente que a mi alrededor tiene padres a los que abrazar, con los que pelear, o a los que recordar desde la fascinación, la nostalgia o la tristeza. Esa curiosidad, por supuesto, también salpica mis deseos como lectora haciendo que el género llamado “novela del padre” sea para mí una tentación, huecos en los que me meto a curiosear lo que no conozco, lo que no tuve, lo que no me tocó.

  No lo volvería a hacer pero estuve muchos días zambullida en La muerte del padre, de Karl Ove Knausgard. Leí y aun leo (y seguro leeré) La invención de la soledad, de Paul Auster, Mi libro enterrado, de Mauro Libertella, La ley de la ferocidad, de Pablo Ramos, Situación de peligro y El buen dolor, del maestro Saccomano.
 Todavía me debo Patrimonio, de Phillip Roth y espero con ansiedad que re-editen la impecable Salvatierra, de Pedro Mairal. Insisto en mis talleres con la lectura del cuento “Nadar de noche”, de Juan Forn, la novela Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra e incluyo Carta al padre, de Franz Kafka con la misma vehemencia que recomiendo las cartas que escribió Vera Fogwill para Radar tras la muerte de su padre.

  Cuando apenas leí el cuento “Vía láctea” del libro Bengalas, supe que iba a ser un eslabón más de esta lista, y uno fundamental, con la yapa de lo fantástico y lo misterioso. Enseguida quise invitar a Enrique al taller que coordino para que nos contase sobre el proceso de construcción del libro. Se vino desde Calzada hasta Martínez porque, al igual que el personaje protagónico de Flipper, él también es gustoso de atravesar largas distancias, aunque ahora ya no traiga un discman adherido a los oídos. Fue una noche de martes en la que  nos regaló libros, nos leyó con su voz inmejorable, y nos dejó a todas –éramos solo mujeres- además de embelesadas, llenas de ganas de conseguir un metrónomo para ponernos a escribir.  
  Me ocurrió que, y no solo con el cuento “Vía láctea” sino con varios de los cuentos de Bengalas, sentí una especie de nostalgia de novela, de estiramiento, de llevar algunas de esas historias entre padres e hijos a un lugar más confortable. Y al tiempo llegó Flipper, con otro padre y otro hijo, pero con la potencia y la belleza que ya contenían aquellos cuentos de vínculos entre varones.

  Flipper es una novela breve que emana simpleza, honestidad y mucho barrio. Barrio, en este caso, como calificativo, porque en Flipper hay calle y experiencia en una medida justa, sin cancherismo, sin poses. El personaje de Decarli es humilde, falible y hasta torpe por momentos. Tiene sexo, juega al fútbol, disfruta de sus vicios y sus gomías, pero aun así no es canchero. Es un tipo sensible, impregnado de dolor y silencio. Encontrar silencio en un libro es magia. Un buen ejemplo es la escena en la que el protagonista se olvida las llaves de su casa y se ve obligado a esperar una noche entera junto a su amigo, los dos sentados en la vereda, a que llegue el día. También hay silencio dentro del auto, durante los viajes que comparte con el padre. Enrique logra que esos silencios se escuchen, que sean palpables.

  La lectura de Flipper invita a reflexionar sobre los propios recuerdos. Cuando Enrique me pidió que la presentara yo no sabía de qué se trataba. Cuando me encontré con un padre, un hijo, y una reconstrucción de la memoria a partir de la muerte, volví a preguntarme por vez numero mil millón si las historias llegan a uno por lo que a uno le pasa o a uno le pasa, finalmente, lo que cuentan las historias.


  El padre hosco y de pocas palabras que, al igual que los reyes magos, “hace lo que puede”, criado en la cultura del trabajo y sobreviviente de un terremoto, hacia el final llega a quejarse de un dolor físico que ya no puede sentir, pues le han quitado la extremidad desde la que jura que proviene el dolor. El poder narrativo que se alcanza allí, al igual que la dolencia, radica en el vacío, en lo que ya no está ni estará. Habla del dolor imposible, ese que no puede ubicarse en ningún lugar tangible, el dolor de la ausencia. Eso es lo que describe Enrique Decarli en Flipper, una historia con olor a cigarrillo y música del Polaco como gusto heredado y compartido, como algo que se pasa entre un padre y un hijo, esos dos imperfectos desconocidos de toda la vida y también, de toda la muerte.

Foto: Daniel Peluffo

Invitación a la Feria de Editores

Queridxs amigxs, durante el 6 y 7 de agosto vamos a participar por primera vez de la Feria de Editores, junto a más de 80 editoriales independientes.Será una oportunidad para encontrarnos, conseguir libros con grandes descuentos, participar de charlas, sorteos y cientos de actividades.
La entrada es libre y gratuita.
¡Lxs esperamos!



jueves, 14 de julio de 2016

Procesos Técnicos de Ariel Bermani


Por, María Insua


Soy una que guardó los posteos de Procesos Técnicos


  Durante un buen tiempo guardaste los posteos de Bermani en un documento para volver a leerlos. Eliminalo. Ya salió el libro.
  Ahora que lo tenés leés la contratapa y ya sabés que no será una versión de Mientras escribo o de, Las clases de Hebe Uhart.
  Lo hojeás, parecen fragmentitos, así que te hacés un mate para leerlos de un tirón. 
  Te acomodás en el sillón. Pero cuando estás en la página 3, te levantás a buscar un lápiz.
  Escribís signos de exclamación, subrayás, ponés, “Tener en cuenta”, ponés, “pensarlo”, ponés, “uh, tiene razón”.
  No creas que sos la única que se queda leyendo 5 veces las mismas 2 oraciones, y que vuelve a la página anterior porque se quedó pensando. Cuando estés yendo a renovar el mate, vas a pensar en tus lecturas, en tu escritura, en tus amores, en tus recuerdos, jodidamente atrapada por la literatura.                                                              
  No muerdas el lápiz, ya llegará el momento de poner: “esto me gusta menos”, esa negación suavizada que se te pegó de frecuentar a Bermani, a quien se le pegó de frecuentar a Borges.
  Habrá momentos, en las primeras págs., en la 77, o cuando releas la pág. 11, que vas a querer largar el libro  para ir a escribir todo lo que creés que, “ahora, sí, ahora sí vas a poder”.
  Ese “yo” que se confiesa, tan atractivo, que te confunde al punto de preguntarte, ¿esto lo pensé yo y lo escribió Bermani?, es un yo colectivo y existencial al mismo tiempo, que también se pregunta, si no, escuchá cuando la cita a Leonora Carrington, “El mundo que pinto no sé si lo invento, yo creo más bien que es ese mundo el que me inventó a mí”.
  Te advierto que no le hizo caso a Lopérfido y habla de política. Cuando leas: “poner en común la lectura de un texto”, revisá tu participación política, porque los procesos técnicos  son políticos.
Lo podés postear cuando quieras. Te recomiendo el de la pág. 14 para el face.
  No vas a encontrar dónde este libro reconoce que nos vamos a morir. Pero vas a entender que habla de eso, y lo enfrenta. Que te cuenta sobre las horas en que no se lee ni se escribe, pero que, mientras tanto, se puede caminar junto a Eros. 
  Sabés que nadie te puede enseñar a escribir. No busques tips en este libro. Pero no te pierdas de encontrar todo lo que implica escribir. Bermani lo cuenta a veces en forma poética, a veces como si fuera una charla entre amigos. 
  Cuando termines el libro,  leé esto de Yves Bonnefoy: “Hoy no sólo pensamos y hablamos de manera conceptual, con nociones y representaciones generales, que nada saben del tiempo, que nos hacen olvidar nuestra condición de mortales, que nos impiden comprender el valor fundamental del instante vivido”.
  Ariel Bermani te muestra eso en Procesos Técnicos, el valor fundamental del instante vivido.
 No es un libro que tranquiliza conciencias, ni da respuestas. Cuenta de modo amable, generoso y descarnado, los momentos en que un escritor no lee ni escribe, o quién sabe, tal vez, sí.